Floricienta es la historia de Flor Fazzarino que como cualquier chica de 20 años tiene muchos sueños por cumplir y una realidad que se empeña en alejarla cada vez más de ellos.
Su madre ha muerto y ella crece sola, sin saber que en realidad es la hija de un importante empresario fallecido recientemente que se encontraba casado con Malala, mujer ambiciosa y malvada, con quien ya tenía una hija en el momento de nacer Flor.
Nuestra protagonista llega a la casa de los Fritzenwalden, una mansión donde encuentra trabajo de asistente de la institutriz. Este empleo en realidad supondrá un verdadero cambio en su vida.
Los Fritzenwalden, herederos de una importante familia alemana, son 6 hermanos que al igual que Flor, han perdido a sus padres. Los niños han quedado a cargo de Federico, el hermano mayor, quien debe abandonar su master en Alemania y sus sueños para volver a ocuparse de la familia.
Las circunstancias obligan a Federico a convertirse en un rígido y severo tutor de la familia. Pero a pesar del numeroso personal de apoyo con el que cuenta, nada parece ser suficiente para domar a esas fieras por las que debe renunciar a su propio futuro.
A los ojos de los niños, Flor se convierte en Floricienta y termina siendo la única persona capaz de sacar lo mejor de ellos y de darles algo más que una correcta educación alemana. Si en el cuento de Cenicienta, el príncipe encontró el zapatito que le devolvió la felicidad, estos chicos encontrarán en Flor alguien que les devolverá la alegría a través de la música.
Pero las cosas se complican porque la viuda de Santillán descubre que su marido ha dejado como principal heredera a Flor. Entonces, junto a sus dos hijas casaderas, decide acabar con ella y casar cuanto antes a la mayor con Federico, con el único objetivo de recuperar la herencia.
En esta historia no hay un hada madrina, pero si algo mágico capaz de cambiar los acontecimientos: el amor. Y así, en los cuentos, como en la vida, existen los finales felices.
Su madre ha muerto y ella crece sola, sin saber que en realidad es la hija de un importante empresario fallecido recientemente que se encontraba casado con Malala, mujer ambiciosa y malvada, con quien ya tenía una hija en el momento de nacer Flor.
Nuestra protagonista llega a la casa de los Fritzenwalden, una mansión donde encuentra trabajo de asistente de la institutriz. Este empleo en realidad supondrá un verdadero cambio en su vida.
Los Fritzenwalden, herederos de una importante familia alemana, son 6 hermanos que al igual que Flor, han perdido a sus padres. Los niños han quedado a cargo de Federico, el hermano mayor, quien debe abandonar su master en Alemania y sus sueños para volver a ocuparse de la familia.
Las circunstancias obligan a Federico a convertirse en un rígido y severo tutor de la familia. Pero a pesar del numeroso personal de apoyo con el que cuenta, nada parece ser suficiente para domar a esas fieras por las que debe renunciar a su propio futuro.
A los ojos de los niños, Flor se convierte en Floricienta y termina siendo la única persona capaz de sacar lo mejor de ellos y de darles algo más que una correcta educación alemana. Si en el cuento de Cenicienta, el príncipe encontró el zapatito que le devolvió la felicidad, estos chicos encontrarán en Flor alguien que les devolverá la alegría a través de la música.
Pero las cosas se complican porque la viuda de Santillán descubre que su marido ha dejado como principal heredera a Flor. Entonces, junto a sus dos hijas casaderas, decide acabar con ella y casar cuanto antes a la mayor con Federico, con el único objetivo de recuperar la herencia.
En esta historia no hay un hada madrina, pero si algo mágico capaz de cambiar los acontecimientos: el amor. Y así, en los cuentos, como en la vida, existen los finales felices.

